Un premio a la obediencia.
Aquel día le propuse un reto que sabía que le pondría nervioso: ir a una tienda y comprar un tanga para después enseñármelo en casa. Habíamos hablado de nuestros límites y aceptó hacerlo como parte de nuestro juego. La vergüenza empezó en el mostrador. Mientras pagaba, notó que el dependiente lo miraba con curiosidad y […]
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