A veces una sesión no empieza cuando se cierra una puerta ni termina cuando alguien se quita las esposas. A veces empieza con algo tan sencillo como acompañar a tu sumiso a comprar una máscara y un dildo.
Vas viendo sus nervios, cómo te deja elegir, cómo quiere que compres lo que a ti te apetece. Y él, mientras paga, ya va pensando en lo que vas a disfrutar cuando le toque usarlos.
No hace falta humillar ni castigar siempre. A veces el control está en decidir por los dos, en elegir algo tan simple como una compra. Y en notar que la otra persona te entrega su voluntad, poco a poco, porque quiere complacerte.
Ahí también hay juego. Ahí también empieza todo.
Y hoy, sumiso mío, hemos tenido una sesión sin que lo supieras. Has estado bajo mi control; tu voluntad era mía. Qué belleza hay en todo esto. Estoy deseando probar contigo nuestra compra.

